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THIS IS IT.

Hola, sí. Miren, no estoy de humor, y creo que con éso digo todo. He tomado una decisión que no les gustará, pero creo que es lo mejor. Por una vez, tengo que pensar sólo en mí misma y en mi opinión, aunque suene muy egoísta. Porque, como me dijo una amiga, “Uno escribe para la gente, pero también para uno mismo”. Déjenme que les explique.

Vayamos por partes. No abandonaré esta historia definitivamente, tan sólo lo haré por el momento.

Lo que pasa es que he releído esta historia, y no puedo creer lo desastrosa que es. Por favor no me vengan con que no es así, porque todos sabes que estoy en lo correcto. Si este fic lo hubiera escrito alguien más, tengan por seguro que habría dejado de leerlo al terminar el primer capítulo. Nunca había notado lo malo que es, y ahora me arrepiento profundamente de no haberlo hecho antes.

La decisión que he tomado no es abandonar este fic, no. Porque, aunque no me siento a gusto con él, odio que las cosas no tengan el final que se merecen, que queden por ahí inconclusas. Nada de éso. Tampoco es que voy a abandonarlo temporalmente, sino que no voy a publicar más en este blog. A lo que me refiero es a que voy a reescribirlo, con las mismas ideas, por supuesto. De los primeros seis capítulos no quedará ni rastro, ni del capítulo sobre el Hogwart’s Express. A los demás trataré de mejorarlos, puesto que creo que no están del todo mal, gracias a las sugerencias de Dr. Watson, claro está.

El único capítulo que me gusta es el 11, y estoy segura de que en unas semanas más, me parecerá basura. Estoy de un humor de perros, y no me soporto ni yo misma.

Cuando tenga TODA la historia terminada, recién ahí la publicaré en otro blog que crearé más adelante. (luego les dejo el link) Así podré publicar una vez por semana, y editar los capítulos en ese período.

Sé que deben odiarme, que me deben considerar una desagradecida por no retribuirles por sus bellos comentarios, pero no me juzguen. Estoy muy decepcionada de lo que escribí. Nunca creí que estuviera tan mal. Sabía que habían errores importantes, pero nunca pensé que era para tanto. Me dejé llevar por los comentarios de mis amigos diciéndome lo buena que era la historia. Todo éso logró cegarme, haciéndome creer que mi historia era buena.

Dr. Watson, en su momento, me hizo cambiar de opinión y ver mis errores, pero nunca logré comprender cuán importantes eran.

No haré cambios demasiado grandes a la trama de la historia, sólo cambiaré dos cosas relevantes: James ya no se llamará así (no me pregunten el nombre nuevo, no lo sé y, por el momento, tampoco me importa) y éste pertenecerá a Gryffindor. No pregunten por qué, sólo lo quiero así, y creo que es mejor.

Sé que pensarán de mí cosas que no quiero ni imaginarme, sé que me odiarán, me considerarán una desagradecida, caprichosa, inmadura, irresponsable, y muchas, MUCHÍSIMAS cosas más; pero, por el momento, la verdad es que no me importa. Me siento demasiado egoísta, y siento éso. Pero, como ya dije, en este momento, sólo me interesa mi opinión, aunque después me de cuenta de que estaba equivocada.

Lo siento por los que fueron fieles para con la historia y con mi persona. Pero no sé qué decirles, me siento muy desilusionada. Sentía que estaba haciendo un buen trabajo, y la verdad cayó a mí como un balde de agua helada.

No me importa lo que piensen de mí. En este momento, me siento demasiado insensible. No puedo creer lo malo que es mi fic, nunca consideré que fuera para tanto.

Así que lo siento, pero no sé qué más decirles. Reescribiré la historia, sé que será mejor, y espero que llegue a ser buena y llene mis expectativas. No me pondré una fecha fija, ya que no quiero apurarme. Últimamente, sentía que escribir esta historia era un compromiso, y no algo que hacía por diversión, tal y como debe ser.

Pues bien, no abandonaré la historia. Estaré trabajando en ella, empezando desde cero, desde el principio. Lo haré lo mejor que pueda, en serio. Pero puede que tarde demasiado, y la verdad es que éso ya no me importa. Publicaré el prólogo en cuanto tenga listo el epílogo, así podré actualizar una vez por semana sin necesidad de apurarme.

Siento mucho ésto, pero creo firmemente que es lo mejor.

Cuando una persona dejaba su fic botado, yo le decía “Hey no te derrumbes, mira que hasta a Rowling le pegaron un portazo en la cara”, me lo repito constantemente y con un demonio, ¡no funciona! Pero yo empezaré de nuevo y lo publicaré en cuanto esté terminado, pero no abandonaré este proyecto porque, pese a todo, me encariñé con él.

DISCULPAS. Espero logren entender aunque sea un ápice mi situación, y si no, ¡rayos!, sólo me queda decir que son LO MEJOR. Gracias, miles y millones de gracias por todo, Dr. Watson, Caro y Daiko. En cuanto cree el blog y tenga el fic terminado, les dejaré aquí el link. Si no quieren saber nada más de mí, por supuesto que lo entenderé. Sé que es completamente irracional lo que hago, que los castigo sin mesura, que no los tomo en cuenta y soy egoísta, pero necesito estar a gusto con lo que escribo.

Así que lo siento, y espero logren entender. Si no, bueno, lo lamentaré, pero será sólo culpa mía. Entonces, sólo me queda decirles GRACIAS, MILLONES DE GRACIAS, nunca seré capaz de hacerlo como se deba.

Lo siento en serio, pero necesito que esta historia me guste a mí también.

Prometo ponerme las pilas y terminar en cuanto pueda.

Saludos y, nuevamente, GRACIAS POR TODO LO QUE HICIERON POR MÍ.

Hola, sí, sé que lo que les dejaré a continuación es extremadamente corto, sé que les debo un capítulo de unas 10.000 palabras por mi retraso, pero todos sabemos que eso jamás pasará. Esperarán, al menos, un capítulo cerca de las 1.000 palabras, pero no, ni eso pude escribir. Déjenme que me explique. Empecé este capítulo hace muchísimo tiempo, en Octubre, según creo. Pero no sé, la inspiración se fue al drenaje, y aún no sé cómo continuar esta historia. Sí sé el final, lo tengo pensado casi desde el inicio del fic; lo que no sé, es cómo llegar hasta ahí. Tengo ideas, por supuesto, pero no con qué seguir esta “parte”, pero algo se me ocurrirá.

Mientras tanto, quería dejarles lo que tengo escrito, porque creo que sería un abuso hacerlos esperar más tiempo. Sé que probablemente me odiarán, y lo entiendo perfectamente. Pero en serio no lo puedo continuar, y por eso me disculpo. (Sé que me he disculpado muchísimo más de lo que he escrito, pero ya encontraré algún modo de recompensarlos.)

Bueno, a leer.

Go.

Capítulo 11: Su misión. (Parte I)

Los tomó prisioneros y los ató con el miedo reflejado en sus plateados ojos. Comenzó a caminar lentamente hacia el principio de su futuro, aquél sinuoso camino que había sido trazado sólo para él. Él, el elegido. Scorpius Malfoy. No quería hacerlo, lo sabía, pero no podía dejarlo ahora. No quería realizar la misión que le habían encomendado. Él era amigo de los Potter, de las comadrejas y sus compinches. Scorpius no una rata traicionera. Él, sencillamente, no era un traidor, y no quería serlo; él era un Gryffindor, uno verdadero. Pero ése era su destino, su angustioso deber. Sólo era un pequeño engranaje en el ingenioso plan maquinado por el Señor L, que marchaba sin obstáculo alguno, sin resistencia por parte de los que, según él, pronto serían derrotados y sometidos.

Draco, sin embargo, apoyaba a su hijo. Él había sufrido mucho en su época de Mortífago, y su deseo no era que su único hijo pasara por la misma lamentable situación. Él se había afligido, atemorizado, se había sentido cerca de cruzar la línea entre la cordura y la locura. Había dejado a Albus Dumbledore, el mejor mago de todos los tiempos, indefenso, sangrando en las cuerdas. Draco nunca había sido un Mortífago de verdad, había terminado estando en el bando de San Potter y la Orden del Pajarraco, o como se llamara aquella ridícula organización.

Pero Draco intuía que, pese a todo, no podía detener a su padre, la mano derecha y consejero del líder. Éste estaba en una posición muy buena en todo sentido, y no sabía qué hacer para lograr desacreditarlo. ¡Su hijo, Scor! Pensando en él se le escapó una pequeña lágrima, pero se la secó de inmediato, casi mecánicamente. Pese a detestar a su padre, seguía siendo un Malfoy, y un Malfoy no tiene permitido llorar, nunca. Sin embargo, él ya no era un Malfoy, hecho y derecho. Muy en el fondo, Draco era diferente. Él conservaba los sentimientos que su padre había intentado arrancarle, y que su madre, ¡Su madre!, ¡Cómo la necesitaba!, le había ayudado a esconder y preservar.

Él se había enamorado de la maldita Sangre Sucia que tanto había odiado (Pero, ¿¡La había odiado realmente!?), y la había visto irse con el Weasley ése, terminando él destrozado, quebrado, simplemente vacío. Él merecía a alquien mejor que Astoria, a quien no quería realmente. Ella terminaría sufriendo, y él no podía evitarlo. No sentía nada por ella, así que no lograría sentir remordimiento alguno en el momento de tomar la decisión final.

Scorpius logró llegar al despacho del señor Filch, quien estaba completa y totalmente dormido. Vertió una pócima en
los labios del aborrecido y al mismo tiempo querido celador, dejándolo sumido en un profundo sueño por un período de tiempo indefinido.

Tenía que seguir con la misión; había llegado lejos, y ya no podía darse la vuelta y marcharse como tantas veces había hecho en el pasado. Esta vez era definitivo, y ya nada podía hacer para evitarlo. Tenía que continuar, no podía caer y dejar todo atrás; él tenía que llegar a la meta, pese a no ser ése su verdadero deseo. Era complicado hasta para sí mismo, pero si no lo llevaba a cabo, él lo mataría sin piedad.

Así que siguió andando, parecía no haber un final, pero Scorpius sabía que sí lo había y que allí llegaría, porque ése era su destino, así le gustase o no.

Nuevamente les pido perdón, pero ahora, que no tengo ninguna obligación, subiré la segunda parte en, como máximo, una semana, lo prometo.

Así que sólo me resta decirles… ¡Feliz año nuevo! Muchísimas gracias a: Dr. Watson, por estar siempre ahí, para dejarme esa crítica suya que tanto me ayuda a mejorar, a Daiko , por estar siempre presente, apoyándome, sean cuales sean mis decisiones, y a Caro, que nunca deja de alentarme.
Daiko, ésto es para ti:  Sé que dejé tu fic abandonado y no lo leo desde hace unos meses. Siento muchísimo eso, pero hoy mismo me pondré a leer lo que me falta, porque es fantástico.
Sin más que decir, me despido de ustedes.
¡Saludos y Feliz 2010!
Maite.
PD: ¡Feliz cumpleaños, Riddle!

HELLO WORLD!! Cómo están? Sé que soy un completo desastre, pero ya casi; no falta tanto, lo juro. Terminé los exámenes esta semana, así que ya falta poco. No prometo publicar antes del 17, y dudo que lo haga. Pero bueno, quería por lo menos cambiar un poco el blog, creo que no escribía una entrada desde hace un mes, o puede que incluso más. De todos modos, sepan que el capítulo XI está en proceso de escritura.

Saludos, visitantes del blog,

Maite!

Hola, todo visitante de este decrépito blog (Sé que siempre lo describo igual, pero no hay mejor manera de hacerlo) sabe que nunca publico siempre que debería, y vengo con excusas acerca de la escuela, de los exámenes, que por supuesto son verídicas.

Creo que cumplí la pauta que me impuse sólo por dos semanas, así que opino que no tiene sentido alguno seguir presionándome para publicar una vez por semana, puesto que todos sabes que no tengo éxito, por lo que que he decidido quitarla, ya que ni yo creía en ella hasta este momento.

Sí, también vengo con más problemas, más excusas. Sigo escribiendo el ensayo de Ana Frank y, para ser honesta, va bastante mal. Pero éso es sólo un problema menor. Ya tengo las fechas para los exámenes finales y son realmente complicados. El primero es el de Naturales, el 17. Al otro día es el de lengua y el jueves de esa semana (19.09) es el de Sociales. Por último está el de Matemática, el viernes 20. La otra semana tengo escrito de Inglés el 24 y oral al día siguiente.

De todas maneras, seguiré escribiendo siempre que pueda y publicaré lo más pronto posible. Sé que este fic va por un mal camino, pero en las vacaciones me pondré las pilas, lo prometo.

Quiero pedirle un millón de veces perdón, pero estos exámenes son realmente difíciles, especialmente la parte de Historia del de Sociales y todo Geometría, en el de matemática. Lo siento de  veras, pero al menos termino este post sabiendo que me he sacado el peso de encima que era para mí tener que publicar una vez por semana, aún a sabiendas de que no lograría cumplirlo. Les pido perdón también por esto, pero no tiene ningún sentido si no lo hago de esa manera.

Quiero, por último, agradecerles a todos los que se pasan de vez en cuando por este blog: Caro,  Dr Watson, Daiko y todos los demás, desde los que se toman el tiempo de leer y dejan su comentario, hasta los que sólo lo ven y piensan ¡ABURRIDO! A todos ustedes, gracias, porque no continuaría este fic sin sus comentarios y sugerencias.

Les pido perdón nuevamente y me despido de ustedes,

Maite.

PD: Como bien dice el título, acepto Crucios, pero Avadas no, recuérdenlo.

Halloween.

Es para matarme, lo sé, no publiqué nada por Halloween, no le hice cambio alguno a mi blog, pero no se me había ocurrido y se me viene a ocurrir justo ahora, y me doy cuenta de que Halloween ya pasó, sin dejar atrás ningún cambio para mí. Sólo fue un día más, pero, ¿Por qué esperaba algo especial?

Bueno, algo haré el próximo año, si mi loca mente no me juega una mala pasada. Por ahora, sólo me resta decirles ¡Feliz Noviembre!

Se me hace tan difícil creerlo, el año ya termina, chau colegio, exámenes, hola vacaciones, navidad, Dios, el año se fue volando.

Amigos, por último, les pido que brindemos todos  por Lily y James, que cumplieron ayer su vigésimo octavo aniversario de muerte.  ¡Mis mejores deseos para Harry!

Saludos a todos, y gracias por entrar a mi decrépito blog de vez en cuando!

Maite, una chica loca sin remedio posible.

PD: Capítulo 11, en proceso de escritura XD

Ana Frank.

Hola. Quería avisarles que es probable que por una o dos semanas no publique capítulo nuevo, ya que me inscribí en un concurso de escritura, en el que hay que escribir un ensayo sobre de Ana Frank, con el tema de “La vida de los jóvenes durante el Holocausto” y “La discriminación y la violación de derechos en nuestros tiempos”, o algo así.

Sin embargo, intentaré publicar el capítulo XI(¿¡Recién vamos por el once!? Lo sé, soy un completo desastre.) lo más pronto posible. Perdonen de verdad, pero denme tiempo, ya me pondré al día. El problema reside en que me enteré hace poco del concurso, y tengo tiempo hasta el 11 de Noviembre. Sé que este día parece lejano, pero no lo es realmente.

Prometo apurarme.

Saludos y mis disculpas,

Maite.

Lo publico entero sólo para facilitar la lectura. ¡Gracias por pasarse por aquí!

Cuando el discurso de principio de año concluyó, (No se puede utilizar magia en los pasillos, y otras absurdas insignificancias según James) tanto alumnos como docentes disfrutaron del banquete más delicioso que James había probado en toda su vida: Pollo a la parrilla, pizza a  la piedra, zumo de calabaza, helado de menta, entre otros exquisitos manjares desconocidos para nuestro protagonista.
Mientras tanto, los hombres más jovenes de la familia Potter comían como animales, cual bestias desesperadas, simplemente lo devoraban todo. La pequeña Rose los miraba a todos asqueada, especialmente a Albus, a quien tenía a su lado, en uno de los extremos de la mesa de Ravenclaw. Cuando Albus no comía, ambos conversaban de las vacaciones en La Madriguera, de las divertidas bromas de James Sirius allí y de las visitas de Luna y Neville.
Cuando terminaron de cenar, todos los alumnos se encaminaron hacia sus respectivas salas comunes, siguiendo a los prefectos de sus casas. James y Harold se dirigieron a sus habitaciones. No podían creer lo que sus ojos divisaban, era hermoso, sencillamente perfecto, como el resto del castillo. Las paredes estaban pintadas de amarillo, con un descomunal tejón estampado justo en el centro. Sin embargo, lo primero que ambos vieron fueron sus respectivas camas, que desprendían un aire de comodidad infinita. Habían, además, dos armarios de desgastada madera, que resultaban un tanto rústicos.
Más tarde llegaron sus compañeros de habitación: Mark y Luke, que eran mellizos. El cabello de ambos muchachos era castataño claro, y los dos tenían unas cuantas pecas en sus rostros. Eran muy amigables, y no tardaron mucho en trabar amistad. Eran de sangre mestiza, ya que su madre era bruja, pero su padre era un muggle.
Cuando los dos muchachos se durmieron, Harold tomó su ejemplar del profeta y comenzó a leerlo. Eran las diez y media de la noche y todo resultaba bastante monótono, hasta que Harold rompió el sepulcral silencio con un grito ahogado: Arnold Alberts, un maniático asesino serial, había escapado de la prisión de los magos, Azkaban. Harold le explicó a James que era una prisión de máxima seguridad, y muy pocos habían tenido el privilegio de escapar de la misma.
Cuando ambos estaban muy cansados y un tanto soñolientos, se tendieron en sus camas e intentaron dormir, bastante intranquilos. Harold, a pesar de ésto, lo logró casi de inmediato; mientras que James no tuvo éxito. Siempre había sentido miedo y, al mismo tiempo, repugnancia hacia los asesinos, y el hecho de que este loco estuviera suelto lo asustaba sobremanera y, como si no fuera suficiente, Alberts era un mago, y uno muy bueno, si se me permite añadir.
Finalmente, cayó en un sueño intranquilo, pensando que en algún momento atraparían a Alberts, ya que todo el mundo mágico estaba tras él, o que, al menos, el loco ése no lograría penetrar en el castillo. Sin embargo, no todo fue color de rosas esa noche, sino que apenas logró conciliar el sueño tuvo una horrenda pesadilla: El demente lograba entrar en Hogwarts y se dirigía lenta y sigilosamente hacia las mazmorras de Hufflepuff. Al parecer, sabía la contraseña (¡Patas de cabra!), ya que entró rápidamente, sin la más mínima oposición por parte del retrato de los cuatro cantores chiflados. Se encaminaba hacia el tercer dormitorio, el de James y sus amigos, los amarraba a todos a una cuerda, a la que ya estaban sujetos los dos Potter y Rose. Escapaba con éxito del castillo, abandonaba a los niños en una prisión subterránea, donde todos morían de inanición unos días más tarde.
Despertó a eso de las ocho de la mañana, con un sudor frío recorriéndole todo el cuerpo. Se vistió con el uniforme de la instiución antes de que sus amigos se despertaran siquiera, y se fue a desayunar, todavía pensando en su sueño. Apenas probó bocado; sus sentidos no le respondían, pero él ni cuenta se dio.
Se encaminó solitario a la clase de pociones, la primera que le tocaba aquél día, impartida por el profesor Daniels, un hombre joven, de unos veinticinco años de edad, de cabello negro azabache y ojos castaños claros y una tez tostada. Ésa clase la compartían con los alumnos de Gryffindor, por lo que no tendrían problema alguno.
El profesor era sencillamente excelente; uno de los mejores, sin lugar a dudas. Era una persona divertida, pero al mismo tiempo sensata y de mente abierta. Volviendo a la asignatura, el Profesor Daniels les explicó a los alumnos cómo realizar una poción de fantasía, que lograba que el que la probara viviera un sueño mientras estaba en el mundo real, pero verdaderamente no escapaba, como si se escapara y sólo se conservara una débil imitación.
Ese día, James ganó diez puntos para su casa, por haber nombrado correctamente todos los ingredientes necesarios para realizar dicha poción. Sin embargo, Harold tuvo ciertos problemas al realizar la suya y ésta terminó estallando, ya que el niño había confundido dos de los pasos, y el resultado de esa absurda insignificancia fue toda una catástrofe: Destruyó gran parte de las mazmorras y varios alumnos se quemaron la piel, que quedó llena de horrendos granos llenos de pus. Así, logró que el profesor les quitara veinticinco puntos a Huffleppuff, y aquello porque era bueno, porque sino le habrían quitado cincuenta.
Salieron de la clase en ese instante, para que se pudieran reparar los daños hechos. Estuvieron media hora vagando por los corredores, hasta que finalmente llegó la hora para ir a la clase de Defensa Contras las Artes Oscuras, cuyo profesor era Newt Aberon. El salón de clases desprendía un aura un tanto tenebrosa, ya que estaba decorado con diversos artefactos y seres vivos conservados en frascos de vidrio. Era simplemente repugnante.
El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras era muy serio, pero sus clases eran inmensamente interesantes, ya que era un Auror, y tenía experiencia en defenderse de las malas artes, y transmitía de manera magistral su saber a las nuevas generaciones.
Cuando finalizó la lección, James se dirigió hacia su sala común, ya que los Hufflepufs tenían esa hora libre. En el camino se encontró con Harold y se pusieron a conversar.
Harold seguí avergonzado por lo ocurrido en la clase de pociones, pero su amigo ya lo había olvidado, era irrelevante, según él.
-Fui todo un fracaso, ¿Por cuánto tiempo más me odiarán?
-No fue para tanto y, además, sólo es la primera clase, ¡Anímate!
Siguieron hablando por largo rato y, como suele decirse, el tiempo pasó volando.
Pronto tuvieron que ir a cenar, ya finalizado su primer día de clases, pero no llegaron a destino, ya que alguien los interceptó en el camino. Estaba enmascarado, así que no pudieron reconocerlo. Los tomó a ambos de la corbata y los arrinconó contra la pared. No tuvieron ni tiempo de sacar sus varitas y, aunque lo hubieran logrado, no habrían sabido qué hechizo lanzarle. Lo último que ambos oyeron fue una desquiciada risa, y todo se apagó para ellos.

Cuando el discurso de principio de año concluyó, (No se puede utilizar magia en los pasillos, y otras absurdas insignificancias según James) tanto alumnos como docentes disfrutaron del banquete más delicioso que James había probado en toda su vida: Pollo a la parrilla, pizza a  la piedra, zumo de calabaza, helado de menta, entre otros exquisitos manjares desconocidos para nuestro protagonista.

Mientras tanto, los hombres más jóvenes de la familia Potter comían como animales, cual bestias desesperadas, simplemente lo devoraban todo. La pequeña Rose los miraba a todos asqueada, especialmente a Albus, a quien tenía a su lado, en uno de los extremos de la mesa de Ravenclaw. Cuando Albus no comía, ambos conversaban de las vacaciones en La Madriguera, de las divertidas bromas de James Sirius allí y de las visitas de Luna y Neville.

Cuando terminaron de cenar, todos los alumnos se encaminaron hacia sus respectivas salas comunes, siguiendo a los prefectos de sus casas. James y Harold se dirigieron a sus habitaciones. No podían creer lo que sus ojos divisaban, era hermoso, sencillamente perfecto, como el resto del castillo. Las paredes estaban pintadas de amarillo, con un descomunal tejón estampado justo en el centro. Sin embargo, lo primero que ambos vieron fueron sus respectivas camas, que desprendían un aire de comodidad infinita. Habían, además, dos armarios de desgastada madera, que resultaban un tanto rústicos.

Más tarde llegaron sus compañeros de habitación: Mark y Luke, que eran mellizos. El cabello de ambos muchachos era castaño claro, y los dos tenían unas cuantas pecas en sus rostros. Eran muy amigables, y no tardaron mucho en trabar amistad. Eran de sangre mestiza, ya que su madre era bruja, pero su padre era un muggle.

Cuando los dos muchachos se durmieron, Harold tomó su ejemplar del profeta y comenzó a leerlo. Eran las diez y media de la noche y todo resultaba bastante monótono, hasta que Harold rompió el sepulcral silencio con un grito ahogado: Arnold Alberts, un maniático asesino serial, había escapado de la prisión de los magos, Azkaban. Harold le explicó a James que era una prisión de máxima seguridad, y muy pocos habían tenido el privilegio de escapar de la misma.

Cuando ambos estaban muy cansados y un tanto soñolientos, se tendieron en sus camas e intentaron dormir, bastante intranquilos. Harold, a pesar de ésto, lo logró casi de inmediato; mientras que James no tuvo éxito. Siempre había sentido miedo y, al mismo tiempo, repugnancia hacia los asesinos, y el hecho de que este loco estuviera suelto lo asustaba sobremanera y, como si no fuera suficiente, Alberts era un mago, y uno muy bueno, si se me permite añadir.

Finalmente, cayó en un sueño intranquilo, pensando que en algún momento atraparían a Alberts, ya que todo el mundo mágico estaba tras él, o que, al menos, el loco ése no lograría penetrar en el castillo. Sin embargo, no todo fue color de rosas esa noche, sino que apenas logró conciliar el sueño tuvo una horrenda pesadilla: El demente lograba entrar en Hogwarts y se dirigía lenta y sigilosamente hacia las mazmorras de Hufflepuff. Al parecer, sabía la contraseña (¡Patas de cabra!), ya que entró rápidamente, sin la más mínima oposición por parte del retrato de los cuatro cantores chiflados. Se encaminaba hacia el tercer dormitorio, el de James y sus amigos, los amarraba a todos a una cuerda, a la que ya estaban sujetos los dos Potter y Rose. Escapaba con éxito del castillo, abandonaba a los niños en una prisión subterránea, donde todos morían de inanición unos días más tarde.

Despertó a eso de las ocho de la mañana, con un sudor frío recorriéndole todo el cuerpo. Se vistió con el uniforme de la institución antes de que sus amigos se despertaran siquiera, y se fue a desayunar, todavía pensando en su sueño. Apenas probó bocado; sus sentidos no le respondían, pero él ni cuenta se dio.

Se encaminó solitario a la clase de pociones, la primera que le tocaba aquél día, impartida por el profesor Daniels, un hombre joven, de unos veinticinco años de edad, de cabello negro azabache y ojos castaños claros y una tez tostada. Ésa clase la compartían con los alumnos de Gryffindor, por lo que no tendrían problema alguno.

El profesor era sencillamente excelente; uno de los mejores, sin lugar a dudas. Era una persona divertida, pero al mismo tiempo sensata y de mente abierta. Volviendo a la asignatura, el Profesor Daniels les explicó a los alumnos cómo realizar una poción de fantasía, que lograba que el que la probara viviera un sueño mientras estaba en el mundo real, pero verdaderamente no escapaba, como si se escapara y sólo se conservara una débil imitación.

Ese día, James ganó diez puntos para su casa, por haber nombrado correctamente todos los ingredientes necesarios para realizar dicha poción. Sin embargo, Harold tuvo ciertos problemas al realizar la suya y ésta terminó estallando, ya que el niño había confundido dos de los pasos, y el resultado de esa absurda insignificancia fue toda una catástrofe: Destruyó gran parte de las mazmorras y varios alumnos se quemaron la piel, que quedó llena de horrendos granos llenos de pus. Así, logró que el profesor les quitara veinticinco puntos a Hufflepuff, y aquello porque era bueno, porque sino le habrían quitado cincuenta.

Salieron de la clase en ese instante, para que se pudieran reparar los daños hechos. Estuvieron media hora vagando por los corredores, hasta que finalmente llegó la hora para ir a la clase de Defensa Contras las Artes Oscuras, cuyo profesor era Newt Aberon. El salón de clases desprendía un aura un tanto tenebrosa, ya que estaba decorado con diversos artefactos y seres vivos conservados en frascos de vidrio. Era simplemente repugnante.

El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras era muy serio, pero sus clases eran inmensamente interesantes, ya que era un Auror, y tenía experiencia en defenderse de las malas artes, y transmitía de manera magistral su saber a las nuevas generaciones.

Cuando finalizó la lección, James se dirigió hacia su sala común, ya que los Hufflepufs tenían esa hora libre. En el camino se encontró con Harold y se pusieron a conversar.

Harold seguí avergonzado por lo ocurrido en la clase de pociones, pero su amigo ya lo había olvidado, era irrelevante, según él.

-Fui todo un fracaso, ¿Por cuánto tiempo más me odiarán?

-No fue para tanto y, además, sólo es la primera clase, ¡Anímate!

Siguieron hablando por largo rato y, como suele decirse, el tiempo pasó volando.

Pronto tuvieron que ir a cenar, ya finalizado su primer día de clases, pero no llegaron a destino, ya que alguien los interceptó en el camino. Estaba enmascarado, así que no pudieron reconocerlo. Los tomó a ambos de la corbata y los arrinconó contra la pared. No tuvieron ni tiempo de sacar sus varitas y, aunque lo hubieran logrado, no habrían sabido qué hechizo lanzarle. Lo último que ambos oyeron fue una desquiciada risa, y todo se apagó para ellos.

¡No lo creo! Me quedó mucho más largo de lo que creí. ¡¡¡¡¡Tiene más de 2300 palabras!!!!! No me lo esperaba :D

N/A: [Bien, ya estoy aquí. ¡Un día sin mucho que hacer! ]

Despertó a eso de las ocho de la mañana, con un sudor frío recorriéndole todo el cuerpo. Se vistió con el uniforme de la instiución antes de que sus amigos se despertaran siquiera, y se fue a desayunar, todavía pensando en su sueño. Apenas probó bocado; sus sentidos no le respondían, pero él ni cuenta se dio.

Parte II.

Se encaminó solitario a la clase de pociones, la primera que le tocaba aquél día, impartida por el profesor Daniels, un hombre joven, de unos veinticinco años de edad, de cabello negro azabache y ojos castaños claros y una tez tostada. Ésa clase la compartían con los alumnos de Gryffindor, por lo que no tendrían problema alguno.

El profesor era sencillamente excelente; uno de los mejores, sin lugar a dudas. Era una persona divertida, pero al mismo tiempo sensata y de mente abierta. Volviendo a la asignatura, el Profesor Daniels les explicó a los alumnos cómo realizar una poción llamada  fantasía, que lograba que el que la probara despegara los pies de la tierra y aterrizara en su mundo, el mundo de los sueños, mientras que, en el mundo real, sólo se conservara una débil imitación del soñador.

Ese día, James ganó diez puntos para su casa, por haber nombrado correctamente todos los ingredientes necesarios para realizar dicha poción. Sin embargo, Harold tuvo ciertos problemas al realizar la suya y ésta terminó estallando, ya que el niño había confundido dos de los pasos, y el resultado de esa absurda nimiedad fue toda una catástrofe: Destruyó gran parte de las mazmorras y varios alumnos se quemaron la piel, que quedó llena de horrendos granos llenos de pus. Así, logró que el profesor les quitara veinticinco puntos a Huffleppuff, y aquello porque era bueno, porque cualquier otro miembro del cuerpo docente le habría quitado cincuenta puntos, por lo menos.

Salieron de la clase en ese instante, para que se pudieran reparar los daños hechos. Estuvieron media hora vagando por los corredores, hasta que finalmente llegó la hora de la clase de Defensa Contras las Artes Oscuras, cuyo profesor era Newt Aberon. El salón de clases desprendía un aura un tanto tenebrosa, ya que estaba decorado con diversos artefactos y seres vivos conservados en frascos de vidrio. Era sencillamente repugnante.

El profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras era muy serio, pero sus clases eran inmensamente interesantes, ya que Newt era un Auror, y tenía experiencia en defenderse de las malas artes, y transmitía de manera magistral su saber a las nuevas generaciones.

Cuando finalizó la lección, James se dirigió hacia su sala común, ya que los Hufflepufs tenían esa hora libre. En el camino se encontró con Harold y comenzaron a conversar de lo acontecido aquél primer día de clases.

Harold seguía avergonzado por lo sucedido en la clase de pociones, pero su amigo ya lo había olvidado, era irrelevante, según él.

-Fui todo un fracaso, ¿Por cuánto tiempo más me odiarán?

-No fue para tanto y, además, sólo es la primera clase, ¡Anímate!

Siguieron hablando por largo rato y, como suele decirse, el tiempo pasó volando.

Pronto tuvieron que ir a cenar, ya finalizado su primer día de clases, pero no llegaron a destino, ya que alguien los interceptó en el camino. Estaba enmascarado, así que no pudieron reconocerlo. Los tomó a ambos de la corbata y los arrinconó contra la pared. No tuvieron ni tiempo de sacar sus varitas y, aunque lo hubieran logrado, no habrían sabido qué hechizo lanzarle. Lo último que ambos oyeron fue una desquiciada risa, y todo se apagó para ellos.

FIN DEL CAPÍTULO X.

Espero les haya gustado y ojalá les haya dejado intrigados.

¡Gracias por leer!

[N/A: ¡Perdonen por el retraso! Más problemas con mi PC y más que nada, el colegio me tiene muy ocupada]

Go!

Capítulo 10: La fuga.

Parte I

Cuando el discurso de principio de año concluyó, (No se puede utilizar magia en los pasillos, y otras absurdas insignificancias según James) tanto alumnos como docentes disfrutaron del banquete más delicioso que James había probado en toda su vida: Pollo a la parrilla, pizza a  la piedra, zumo de calabaza, helado de menta, entre otros exquisitos manjares desconocidos para nuestro protagonista.

Mientras tanto, los hombres más jovenes de la familia Potter comían como animales, cual bestias desesperadas, simplemente lo devoraban todo. La pequeña Rose los miraba a todos asqueada, especialmente a Albus, a quien tenía a su lado, en uno de los extremos de la mesa de Ravenclaw. Cuando Albus no comía, ambos conversaban de las vacaciones en La Madriguera, de las divertidas bromas de James Sirius allí y de las visitas de Luna y Neville.

Cuando terminaron de cenar, todos los alumnos se encaminaron hacia sus respectivas salas comunes, siguiendo a los prefectos de sus casas. James y Harold se dirigieron a sus habitaciones. No podían creer lo que sus ojos divisaban, era hermoso, sencillamente perfecto, como el resto del castillo. Las paredes estaban pintadas de amarillo, con un descomunal tejón estampado justo en el centro. Sin embargo, lo primero que ambos vieron fueron sus respectivas camas, que desprendían un aire de comodidad infinita. Habían, además, dos armarios de desgastada madera, que resultaban un tanto rústicos.

Más tarde llegaron sus compañeros de habitación: Mark y Luke, que eran mellizos. El cabello de ambos muchachos era castataño claro, y los dos tenían unas cuantas pecas en sus rostros. Eran muy amigables, y no tardaron mucho en trabar amistad. Eran de sangre mestiza, ya que su madre era bruja, pero su padre era un muggle.

Cuando los dos muchachos se durmieron, Harold tomó su ejemplar del profeta y comenzó a leerlo. Eran las diez y media de la noche y todo resultaba bastante monótono, hasta que Harold rompió el sepulcral silencio con un grito ahogado: Arnold Alberts, un maniático asesino serial, había escapado de la prisión de los magos, Azkaban. Harold le explicó a James que era una prisión de máxima seguridad, y muy pocos habían tenido el privilegio de escapar de la misma.

Cuando ambos estaban muy cansados y un tanto soñolientos, se tendieron en sus camas e intentaron dormir, bastante intranquilos. Harold, a pesar de ésto, lo logró casi de inmediato; mientras que James no tuvo éxito. Siempre había sentido miedo y, al mismo tiempo, repugnancia hacia los asesinos, y el hecho de que este loco estuviera suelto lo asustaba sobremanera y, como si no fuera suficiente, Alberts era un mago, y uno muy bueno, si se me permite añadir.

 Finalmente, cayó en un sueño intranquilo, pensando que en algún momento atraparían a Alberts, ya que todo el mundo mágico estaba tras él, o que, al menos, el loco ése no lograría penetrar en el castillo. Sin embargo, no todo fue color de rosas esa noche, sino que apenas logró conciliar el sueño tuvo una horrenda pesadilla: El demente lograba entrar en Hogwarts y se dirigía lenta y sigilosamente hacia las mazmorras de Hufflepuff. Al parecer, sabía la contraseña (¡Patas de cabra!), ya que entró rápidamente, sin la más mínima oposición por parte del retrato de los cuatro cantores chiflados. Se encaminaba hacia el tercer dormitorio, el de James y sus amigos, los amarraba a todos a una cuerda, a la que ya estaban sujetos los dos Potter y Rose. Escapaba con éxito del castillo, abandonaba a los niños en una prisión subterránea, donde todos morían de inanición unos días más tarde.

Despertó a eso de las ocho de la mañana, con un sudor frío recorriéndole todo el cuerpo. Se vistió con el uniforme de la instiución antes de que sus amigos se despertaran siquiera, y se fue a desayunar, todavía pensando en su sueño. Apenas probó bocado; sus sentidos no le respondían, pero él ni cuenta se dio.

[Miren, sé que ésto es muy corto, pero no es todo, sólo que no tengo tiempo de seguir pasándolo, tengo que estudiar, pero prometo que en cuanto pueda -El miércoles como máximo- terminaré el capítulo, es que no puedo dejarlos esperando por más tiempo, éso sería muy cruel de mi parte. Espero que sea de su agrado y sé que el Fic está muy abandonado, pero ténganme paciencia, ya me pondré al día. Por ahora, disfruten de esta "Parte", pero prometo quue no tardaré mucho en subir la segunda.]

 Ah! Me olvidaba, espero que no les moleste mi nuevo tema, es que me harté del otro, me resultaba muy monótono y rutinario ver mi blog siempre igual.

Estoy viva!

Hola, sí, sé que van a querer matarme, que pensarán que no tenía ganas de escribir, me olvide, no me importa, etcétera, etcétera, etcétera. Pero no, nada de eso ocurrió, sino que mi internet murió. Parece una excusa tonta  e inventada a la ligera, pero es en serio.

Mi Wi-Fi no andaba, se conectaba por dos minutos y después volvía a su estado de coma y para colmo no podía casi usar ni mi Word, porque siempre que abría una ventana de Internet Explorer se tildaba, tenía que reiniciarla y no se quería encender nuevamente. Se limitaba a decirme que había problemas para “Iniciar el equipo” y así estaba como media hora (No, no exagero en lo más mínimo) y yo, furiosa(Si hay algo que no tengo, eso es la paciencia), la apagaba, y cuando intentaba prenderla de nuevo, más problemas.

Sé que ésta no es una bueno razón para no haber escrito, sí para no haber publicado, pero en lo que respecta a escribir, no tuve tiempo ni nada. Esta semana tuve cuatro trabajos prácticos, una exposición oral y tres exámenes escritos, ¡No me dejan en paz!

Si les soy sincera, algo escribí, pero es muy poco. Empecé el capíulo 10(Titulado “La Fuga”) y voy alrededor de las 800 palabras, pero quiero darle un buen final.

Sé que con ustedes no tengo excusas y les pido Mil veces perdón y sino, bueno, simplemente me queda decirles que son Lo mejor.

Tal vez publique el capítulo próximo hoy, pero no prometo nada. Con honestidad, les digo que no me gusta nada, ¡¿Pero qué se va a hacer?!

Un saludo a todos y espero me perdonen. Acepto tomates, comentarios, sugerencias y crucios, pero Avadas no, porque sino no voy a poder actualizar.

Maite.

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